—¿¡La gente de la ciudad tiene el mismo poder que Yorna…?!
Mientras corría con todas sus fuerzas por un callejón, Subaru abrió mucho los ojos ante las palabras que le había dicho Abel.
La mujer zorro que había encontrado en la torre principal del Castillo de Lapislázuli Carmesí, una mujer que dejaba entrever algo insondable——esa existencia que bien podía llamarse la emperatriz que gobernaba esta ciudad demoníaca; Subaru no conocía el alcance real de su poder.
Sin embargo, no cabía duda de que era muy fuerte, puesto que había sido elegida como una de los «Nueve Generales Divinos», y había sobrevivido, y seguía siendo mantenida con vida, pese a haberse rebelado varias veces contra el emperador.
Y pensar que toda la gente de la ciudad tenía tanta fuerza como esa Yorna fuerte.
—¡No puede haber una historia tan aterradora! ¡Eso del «Matrimonio del Alma»…!
—¿Crees que estoy diciendo tonterías? Entonces, ¿cómo explicas el fenómeno de que sus brazos y piernas se encogieran? La base de las artes y técnicas, y el cultivo acumulado, son distintos entre el reino y el imperio. Naturalmente, habrá cosas que provoquen fenómenos que escapan a tu imaginación. No faltan artes y técnicas perdidas.
—Aunque me lo digas así…
Ante aquella lluvia de palabras difíciles, Subaru se mordió el interior de la mejilla con frustración y bajó la cabeza.
Por poco se le enredan los pies y casi se cae, pero lo aguantó para no quedarse atrás de sus compañeros. Como sus cuerpos se habían encogido, ni Subaru, ni Al, ni Medium, ni nadie tenía zapatos que les quedaran bien. Por eso, se habían envuelto los pies con tela, como si fueran unas botas improvisadas.
Si se caían o se les desataba la tela, se les detendrían los pies. Eso no podía pasar.
Aunque no pudiera seguir la conversación, al menos su cuerpo tenía que seguirles el paso.
—Aun así, yo también lo había considerado como una posibilidad, pero pensé que sería imposible.
—…Entonces, según eso, ¿tú tampoco sabías que esa hermana mayor era usuaria del «Matrimonio del Alma»?
—Incluso ahora sigo dudando de que exista otra posibilidad. Es una atrocidad que no puede llamarse sensata.
Abel respondió mientras respiraba con algo de agitación y corría con la mirada al frente, tras la máscara de oni. Al soltó un gruñido en la garganta y Medium volvió el rostro hacia Abel.
Aunque se habían encogido, parecía que Medium seguía siendo la más enérgica en cuanto a resistencia física. Aún estaba bien, pero Subaru no tardaría en quedarse sin aliento. Seguir huyendo sin parar también sería difícil.
—Deténganse. Por ahora, parece que logramos despistar a los que estaban alrededor de la posada.
No sería porque se estuviera preocupando por ellos, pero de pronto Abel hizo que todos se detuvieran.
A punto de salir del callejón, los cinco se ocultaron entre las sombras de unos restos de madera apilados de forma desordenada y, vigilando lo que ocurría en la calle, recuperaron el aliento.
—Me pregunto si Taritta estará bien. Se movía mucho mejor de lo que yo pensaba.
—¿Eh? Ah, sí, estuvo increíble. Así, como saltando por todos lados, y disparando flechas con un bam-bam…
—Hermano, ¿lo estás haciendo a propósito? ¿O…?
—¿A propósito de qué?
Subaru inclinó la cabeza y frunció el ceño ante la pregunta de Al.
¿Había dicho algo raro? Solo estaba elogiando a Taritta a su manera, en respuesta al asombro de Medium, por lo mucho que se había esforzado.
Al negó con la cabeza ante esa respuesta y, con un «nada» que no sonó nada a nada, volvió el rostro hacia Abel. Entonces,
—Lo de hace un momento, eso de que no era una locura, ¿qué quiso decir?
—…Ya lo dije. El «Matrimonio del Alma» cede a otra persona una parte del alma propia. El alma, es decir, el od que constituye la raíz del individuo.
—Od… o sea, ceder.
Repitiendo las palabras, Al dejó que la verdad le temblara en la voz.
El od, tal como había dicho Abel, era la raíz de la existencia: no solo el cuerpo, sino algo situado en el centro de una parte más espiritual, como una fuente de la que mana el mana.
En este mundo, muchas veces se lo trata como si fuera lo mismo que el «alma». Por eso, el «Matrimonio del Alma» también podría llamarse «matrimonio de od». Aunque no estaba muy seguro.
—Pero, ¿por qué al unir almas uno se vuelve más fuerte?
—Si buscas un ejemplo cercano, está la relación entre un hechicero espiritual y un espíritu. El hechicero y el espíritu establecen un contrato, y con ello se conectan mutuamente a la raíz de cada uno. De ese modo, puede decirse que se trata de una relación en la que se extrae poder el uno del otro. La distancia física no importa ahí. Seguro que se te ocurre algún caso.
—Sí, entiendo lo de una relación en la que se extrae poder mutuamente, pero…
Al sacar a relucir el tema de los hechiceros espirituales, Subaru se llevó una mano al pecho.
No era una habilidad de la que pudiera presumir demasiado, pero Subaru también era un hechicero espiritual en ciernes. Había hecho un contrato con una chica de vestido adorable——Beatrice, y gracias a su poder podía hacer varias cosas. Aunque no muchas.
Y luego, sí, Emilia también era hechicera espiritual. Hacía tiempo que no veía a esa gatita.
—Pero, ¿qué pasa, Subaru?
—Ah, eh, pues… hacer una promesa con un espíritu es algo muy difícil, así que hacer lo mismo con tantas personas, ¡además con tantas! Eso es, un poco…
—Sí, sí.
—P-pienso que sería difícil.
Como Medium sabía escuchar y lo animaba con paciencia, sin apurarlo, Subaru le contó con franqueza lo que pensaba.
La relación contractual con un espíritu era algo muy importante, y hacer lo mismo con muchas personas sería difícil. Al menos, Subaru no podría hacerlo con nadie más que Beatrice.
No solo porque Beatrice ya era, de por sí, una niña hecha para ese tipo de promesas, sino porque incluso sin eso, sentía que tampoco habría podido hacerlo.
Y al escuchar la duda de Subaru, Abel asintió diciendo: «Eso es».
—Por eso dije que no era una locura.
—¿O sea que lo de que el «Matrimonio del Alma» es peligroso va por ahí?
—El «Matrimonio del Alma» en sí basta con entenderlo como una relación contractual que se establece con un espíritu, sin importar el objetivo. Pero lo que resulta increíble es el acto de aplicarlo a un número indeterminado de personas.
—…
—Dije que era una parte, pero, sea como sea, sigue siendo una cesión del alma. No es otra cosa que desgarrar innumerables veces aquello que constituye los cimientos de uno mismo y entregarlo sin discernimiento. Mantener el yo con eso no es algo que pueda hacerse con normalidad. O quizá… no, sería una conversación inútil.
Negando lentamente con la cabeza, Abel describió la anormalidad del «Matrimonio del Alma» de Yorna.
Sinceramente, Subaru no lograba entender la situación con tanta claridad como Abel, pero al menos comprendió que era algo muy aterrador.
En el caso de Subaru, sería como si estuviera repartiendo su alma entre muchas personas además de Beatrice. Claro, había personas a las que Subaru podría confiarle su alma sin pensar que harían algo malo.
Medium y Al, que estaban aquí, tampoco harían nada malo. Pero si le preguntaran si podría dársela a Abel, Subaru querría quejarse diciendo que no.
Además——
—Uu…
—Ah.
Al sentir que unos dedos pequeños le sujetaban el borde de la ropa y oír un gemido bajo, toda su atención fue absorbida por la dueña de esa voz.
Louis, con el largo cabello rubio recogido detrás de la cabeza, había seguido dócilmente la huida de Subaru y los demás hasta allí. No: no solo hasta allí.
Louis era sorprendentemente obediente, y ni siquiera levantaba la voz, algo que Subaru había temido. No llamaba la atención del enemigo y, cuando hacía falta, actuaba en lo necesario.
Y entonces…
—…
Incluso ahora, Louis sujetaba el borde de la ropa de Subaru no para que él calmara la ansiedad de ella, sino como si estuviera buscando una forma de acompañarlo en la suya.
—Tú…
Era una persona desagradable, aterradora e imperdonable.
Eso ya lo había pensado suficiente, más que suficiente, una y otra vez, y no lo dudaba.
Que los hubieran arrojado juntos al Imperio de Vollachia y que él no la hubiera abandonado allí mismo se debía a que esa niña, Rem, había intentado cuidar de Louis.
Incluso ahora, la única razón por la que seguía con Louis era porque no quería que Rem lo odiara.
Y aun así——
—Pero, ¿no quedó claro con esto?
Sin poder soltar la mano de Louis y mientras Subaru se consumía en sus pensamientos, Al soltó de pronto esas palabras.
La mirada de Al se dirigía a Abel. El hombre de la máscara oni y el muchacho con el rostro cubierto —adulto y niño— quedaron frente a frente. Mientras Abel lo observaba desde arriba, Al se señaló el pecho con el pulgar.
—Los tipos que nos atacaron están bajo la influencia del «Matrimonio del Alma» de la hermana Yorna. Entonces, quien hizo que nos atacaran también fue la hermana Yorna, y listo, Q.E.D.
—… Esa sería, probablemente, la respuesta más directa si se toma la situación tal como se ve.
—Qué manera de hablar tan fastidiosa. Si los que vienen usan el poder de la hermana Yorna, no hay otra opción.
—S-supongo que eso está un poco mal…
—¿Ah?
Al reaccionó con brusquedad ante la intervención de Subaru, que habló con cautela. Al ver que Subaru se estremecía de los hombros por ese tono, Al tocó la vaina de la espada de dragón azul que llevaba a la espalda y dijo: «Perdón».
—No era mi intención asustarte. …Hermano, ¿quieres decir que hay otra posibilidad?
—…Beatrice y yo tenemos un contrato, pero no estoy conectado con esa niña todo el tiempo. No, sí estamos conectados, pero no sé qué está haciendo ahora ni nada por el estilo, así que.
—¿O sea que puedes tomar prestado el poder y andar haciendo desastres a escondidas?
Ante la forma tan cruda de decirlo de Al, Subaru sintió cierta resistencia, pero aun así asintió.
Aunque no entendiera con claridad el alcance ni las condiciones del «Matrimonio del Alma», quizá sí se podían hacer ese tipo de cosas malas. Si era así, ya no se podría saber si Yorna era realmente una mala persona o no.
—Si el enemigo resultara ser Yorna Mishigure, no quedaría otra opción que huir de la ciudad demoníaca. Tampoco podríamos seguir con el duelo contra Olbart.
—Como nos están cazando por toda la ciudad, en eso estoy de acuerdo…
—Si capturamos a una sola persona, la situación cambiará.
Mientras se tocaba la mejilla a través de la máscara de oni, Abel murmuró eso en voz baja.
Al oírlo, Subaru también abrió la boca con un «ah».
—¡S-sí, claro! ¡Si pudiéramos escuchar a una sola persona del otro lado, quedaría claro! ¿¡Por qué no se me ocurrió antes?!
—¡Ah, es verdad…! ¡Abel, eres un genio! ¡Eso, eso!
—¡Sí!
Una respuesta que despejaba las nubes, y Subaru y Medium se lanzaron sobre ella con alegría. Chocaron las manos en alto y, rebosantes de felicidad, ambos se volvieron hacia Abel y los demás.
Pero esa alegría de los dos fue interrumpida por Abel y Al, que no mostraban el rostro.
Ante el entusiasmo de Subaru y los demás, Al dejó caer los hombros con desaliento y dijo:
—Claro, si pudiéramos hacer eso, no habría problema. Pero justo de eso estamos hablando, de que es difícil. Al fin y al cabo, el otro lado son todos tipos que recibieron el poder de la hermana Yorna.
—Ah, claro…
—Uu…, si Taritta estuviera aquí, quizá podríamos hacerlo.
Medium pateó el suelo con rabia allí mismo, lamentando con fuerza su propia falta de recursos.
Subaru sentía la misma frustración ante sus palabras. Les faltaba justo un paso, una pieza de información para hacer avanzar esta situación, y no tenían a mano ningún medio para conseguirla.
—Algo, algo tiene que haber…
Llevándose una mano a la boca, Subaru trató con todas sus fuerzas de recordar todo lo ocurrido hasta ahora.
Desde que llegaron a Chaosflame, los distintos sucesos y problemas que habían ocurrido en esta ciudad demoníaca. Yorna en el Castillo de Lapislázuli Carmesí, y el encuentro con los falsos emperadores. A la mañana siguiente, la repentina «infantilización», el «escondite» propuesto por el «viejo malvado», y las personas aterradoras que los estaban esperando——
Mientras Taritta nos está dando tiempo, tenemos que encontrar alguna forma de salir de esta.
De lo contrario, por muy capaz que fuera Taritta, aquellas numerosas personas la atraparían y le harían pasar un infierno…
—¿Eh?
—¿Subaru?
Mientras se devanaba los sesos por todo tipo de cosas, Subaru sintió una extraña punzada y parpadeó. Medium notó su reacción y asomó el rostro para mirarlo.
Sin embargo, no tenía margen para responderle. Debía tirar del hilo de aquello que acababa de captar y averiguar qué era; la impaciencia lo dominaba.
Lo que le había llamado la atención era Taritta, que estaba esforzándose. No, no Taritta en sí, sino las personas que se enfrentaban a Taritta, esos cien aterradores que apuntaban contra Subaru y los demás.
Esos cien habían estado mirando desde lejos cómo Taritta peleaba. Ahí estaba la extraña sensación que le había quedado. Era, probablemente——
—¡La verdad es que! ¡No sé si de verdad es «Matrimonio del Alma», ni si el enemigo es la hermana mayor Yorna o no, ni si el viejo Olbart está mintiendo o no!
—…
Mientras se rascaba con brusquedad el cuello, Al soltó ese rugido y Subaru se sobresaltó. Pero Al no pareció notar su sorpresa y, con gesto irritado, pateó la pared.
Por alguna razón, a Al se le había borrado toda calma. Su actitud original, parecida a una rama de sauce que dejaba pasar todo con ligereza, parecía una ilusión.
Y Al, cargando con esa irritación, se plantó frente a Abel y le espetó:
—¿Y ahora qué hacemos, Abel? Así no puedo seguirte el paso. Te lo digo desde ya: tengo cosas que van antes que la restauración de Abel. Así que…
—No me interesa lo que deseas. Pero hay una forma de comprobarlo.
—¿Comprobar qué?
—Si la dureza de esos individuos se debe al «Matrimonio del Alma» o no.
Tras decirle eso a Al, que se le había echado encima, Abel señaló hacia afuera del callejón.
Más allá de la oscuridad, desde la calle llegaban aquí y allá señales de gente que iba y venía, pasos y voces. Aun así, no parecía que nadie se hubiera dado cuenta y estuviera asomándose.
Solo era el bullicio de la calle, nada más.
—¿En la calle qué…?
—Se elige a una persona que pase por ahí y se le causa daño al azar. Así podremos determinar si el «Matrimonio del Alma» de Yorna Mishigure cubre a todos en la ciudad o no.
—…
—Si la herida sana, está bajo la influencia del «Matrimonio del Alma». Si resulta herido o pierde la vida, está fuera de la influencia del «Matrimonio del Alma»; es decir, la suposición de que el usuario del «Matrimonio del Alma» es errónea y puede descartarse.
Con tono impasible, y sin dejar de señalar la calle, Abel continuó.
Por lo peligroso y descabellado del contenido, Subaru se quedó sin palabras. Tenía el cerebro entumecido y ni siquiera podía pensar.
Una locura así, nadie la tomaría en serio——
—Ya veo… pero también podría darse el caso de que, como nosotros, estemos fuera del objetivo de los residentes. ¿Y si nos toca eso?
—Basta con mirar el calzado para distinguir a los residentes de los forasteros. Claro que también existe la posibilidad de que solo quienes están fuera de la posada estén bajo la influencia del «Matrimonio del Alma». En ese caso, sería una prueba de que Yorna Mishigure ha preparado deliberadamente un ataque contra nosotros.
Como si dijera que, en cualquier caso, se obtendría información, Abel asintió, y Al guardó silencio, dejando ver que todavía había margen para pensarlo.
Era una conversación complicada, armada con razonamientos difíciles, y para Subaru resultaba difícil de seguir. Pero incluso dentro de esa charla enredada había algo que sí entendía.
Y era que, si seguían así, alguien iba a salir herido.
—Eso no——
—Si te opones, ¿qué harías? Propón una alternativa.
—…
Abel se adelantó a Subaru, que iba a lanzarse por reflejo, y lo miró desde arriba.
Sintió que le habían leído el pensamiento y que lo estaban llamando ingenuo; el rostro de Subaru se calentó. Pero no podía quedarse callado. No quería callarse ni retroceder.
—S-sin herir a nadie, debe haber otra forma…
—Si la hay, dilo. Si es una propuesta que vale la pena considerar, la escucharé. —Aunque, siendo sinceros, esperar eso de ti ahora mismo sería demasiado pedir.
—¡Eso es…!
—Tú temes especialmente que haya sacrificios.
La voz fría lo atravesó como si le abriera el pecho al rojo vivo.
Sintió un dolor como si de verdad lo hubieran atravesado, y Subaru apretó los dientes y bajó la cabeza.
Sacrificios, que alguien salga herido o muera.
Tanto aliados como enemigos, lo mejor es que haya la menor cantidad posible de muertos y heridos. Pensar así es, según le reprochan, porque Subaru es blando, ingenuo y débil.
—Pero ¿por qué eso está mal?
—No lo estoy negando. Solo es un hecho. Si quieres imponer al máximo tus deseos, necesitas estrategia o fuerza. Si te falta una de las dos, no te queda más que recortar el resultado que deseas y conformarte. Eso es lo que llamaste una apertura sin derramamiento de sangre, el proceso y el resultado que ocurrieron dentro de ella.
—…
—Si no deseas ni muertos ni heridos, necesitas el poder para atraer ese resultado. —Si de verdad lo deseas desde el fondo del corazón, escatimar sería una contradicción.
Al decirle que estaba escatimando, Subaru endureció las mejillas y parpadeó.
No entendía la intención de las palabras de Abel. Solo que esos ojos negros tras la máscara de oni lo miraban fijamente, tratando de buscar en lo más profundo de su mirada, tan débil en comparación, el verdadero sentir de Subaru.
No entiende, no entiende, no entiende.
De verdad no lo entendía. ¿A qué se refería Abel al decir que Subaru se estaba conteniendo? Por mucho que exprimiera aquella mente que apenas funcionaba, no encontraba ninguna forma de resolver la situación.
Con brazos cortos y pulmones pequeños, no podía saltar ni brincar como Taritta. Y el látigo que había traído tenía el mango grueso y era demasiado pesado para manejarlo.
Aun así, si no quería que nadie saliera herido, entonces para eso——
—¡Entonces, que me hieran a mí y ya está!
Con la cabeza hecha un desastre, Subaru le gritó eso a Abel.
Sabía perfectamente que le faltaba fuerza y que no había pensado lo suficiente. Ese siempre había sido un problema desde antes de que su cuerpo se hiciera pequeño.
Desde el fondo de los ojos cerrados, algo caliente empezó a subirle.
Antes de que eso se convirtiera claramente en lágrimas, Subaru dio media vuelta y echó a correr.
—¡¿Hermano?!
—¿¡Subaru?!
Ante ese movimiento repentino, Al y Medium soltaron voces que sonaron como gritos.
Sin embargo, Subaru no se detuvo ni por sus llamados y se lanzó fuera del callejón, hacia la calle.
No quería que nadie saliera herido. No quería que nadie muriera.
La fuerza y la estrategia necesarias para eso le faltaban a Subaru en ambos casos. Si tenía que intercambiar algo para compensar esa carencia, sería él mismo.
Comprobarlo. Recuperar la información que pudiera cambiar esta situación, traerla de vuelta en el instante en que pudiera hacerlo.
Para eso——
—¡Vengan! ¡Estoy aquí!
Subaru saltó a la calle, abrió los brazos y gritó con voz alta.
La voz aguda de un niño borró el ruido de la calle, y la atención de los sorprendidos se reunió sobre él. Capturado por varias miradas abiertas de par en par, Subaru sintió el dolor de que el corazón se le encogiera.
—Ah.
Se arrepintió en cuanto lo hizo, pensando que había actuado demasiado impulsivamente.
Las miradas a su alrededor, como si vieran a un niño haciendo una tontería, hicieron crecer de golpe su vergüenza y su miedo. Así, Subaru contuvo el aliento y pensó incluso en volver al callejón——
—Espera.
Mientras se agitaba y pisaba el suelo con nerviosismo, alguien le agarró del brazo.
Subaru giró sobresaltado, y quien le sujetaba el brazo era una figura baja. Un muchacho de cabello corto y rizado, con ropa ligera y sencilla—— no, no es que lo llevara corto; solo parecía corto porque tenía el cabello muy rebelde y las puntas se le curvaban.
Un chico de una edad más o menos parecida a la actual Subaru; ante su aparición, Subaru abrió mucho los ojos y, a punto de preguntarle por qué lo había detenido, abrió la boca para hablar,
—Perdón.
——y al instante siguiente, el muchacho de ojo derecho en llamas lo había lanzado con facilidad.
—Eh.
Subaru no entendía qué había pasado, tragado por un campo visual que giraba y giraba.
De pronto, el muchacho lo había arrojado. Con un movimiento como si levantara el brazo que lo sujetaba, lo había lanzado al aire con una facilidad pasmosa.
—¿¡A-a-a-a-a——?!
Se había lanzado a la calle con la determinación de que, si alguien tenía que salir herido, mejor él.
Y aun así, no solo se arrepintió enseguida e intentó volver, sino que ni siquiera logró escapar de regreso y terminó siendo lanzado, gritando.
Por qué, por qué, las preguntas rebotaban en su cabeza, y sentía como si le estrujaran las entrañas.
Que quienes peleaban con Taritta tenían los mismos ojos ardientes que el muchacho. Que, si eso era el efecto del «Matrimonio del Alma» del que hablaba Abel, entonces les habían concedido una parte del poder de Yorna. Que para comprobarlo, él mismo se había lanzado con bravuconería a sacrificarse.
Todo eso, Subaru, que caía girando hacia el cielo azul, no podía entenderlo.
Su cuerpo daba vueltas a una velocidad absurda, y parecía un milagro que no chocara contra los edificios ni contra las decoraciones de alrededor. Tampoco sabía si aquel muchacho lo había apuntado a propósito.
Solo le daba miedo que los obstáculos pasaran a toda velocidad por el borde de su visión, y mientras rezaba con desesperación para no chocar, cayó hacia el cielo azul—— y entonces, de pronto, se detuvo.
Lentamente, el cuerpo de Subaru, que había sido arrojado, llegó al punto más alto de su trayectoria y, desde ahí, empezó a caer en picada hacia el suelo.
—¡Aaaaa——!
La voz que se había alejado del suelo ahora resonaba acercándose a él.
No sabía hasta qué altura lo habían lanzado, pero debía amortiguar la caída. El problema era que no recordaba cómo hacerlo. Y, para empezar, ¿serviría de algo al caer desde una altura semejante? Podía estrellarse contra el suelo, hacerse pedazos, aplastarse la cabeza, romperse el cuello y morir…
——La «muerte» parecía volver a acercarse de inmediato.
—¡Al!
—¡Ya lo sé!
Justo después, mezclada con el propio grito de Subaru, se oyó una voz conocida que se esforzaba al máximo.
Enseguida, el sonido de algo tenso siendo cortado y el de varias cosas delgadas cayendo se encadenaron, y sin entender qué era aquello, el cuerpo de Subaru cayó al suelo—— antes de tocarlo, fue atrapado.
—¡W-w-wah, wah, wa…! ¡Wab!
Fue recibido por una sensación suave, pero el impulso no se detuvo del todo, y el cuerpo de Subaru rodó con bastante fuerza sobre esa suavidad. Al llegar al borde de esa blandura, el cuerpo arrojado terminó rodando sobre el suelo duro, y un gemido junto con el sabor de la arena se le extendieron en la boca.
Le dolía el cuerpo por todas partes. Pero——
—¿E-estoy… vivo…?
Subaru dejó escapar una voz atónita, sorprendido de seguir con vida.
Cuando consiguió incorporarse, por fin entendió qué había pasado. —Al y Medium, los dos lo habían salvado con una decisión tomada en el acto.
Para atrapar a Subaru cuando caía desde el cielo, ambos se habían lanzado sobre la carpa de un puesto callejero, habían soltado las sujeciones de esa carpa y la habían tensado, convirtiéndola en un cojín improvisado.
Gracias a eso, Subaru no se estrelló contra el suelo y logró salvar la vida.
Sin embargo…
—Ah, ay, ay…
—Agh…
Los dos que se esforzaron para atrapar a Subaru tampoco salieron ilesos.
—¡A, Al! ¡Señorita Medium!
Al incorporarse, Subaru vio a los dos tendidos en la calle.
Naturalmente, Al y Medium, afectados por la «infantilización», tampoco podían rendir como de costumbre. Habían extendido una lona para recibir al Subaru que caía, pero el impacto los hizo salir despedidos.
Y las malas noticias aún seguían——
—Ojalá hubiera terminado con lo de hace un momento…
Quien dijo eso, torciendo el rostro con dolor, fue el muchacho que había arrojado a Subaru.
Él miró a Subaru y luego a Al y Medium, que también estaban tirados, y se cubrió el rostro con la palma de la mano, lleno de amargura.——Con la llama que no lograba ocultar del todo, alojada en su ojo derecho.
—T-tú eres…
—Es algo necesario. Esta ciudad… nosotros no podemos perder a esa persona.
—¿…?
Como pudo, Subaru se incorporó y atrajo la atención del muchacho hacia él.
Lo hizo con la sola intención de evitar que le hicieran algo a Al o a Medium, pero la respuesta del muchacho estaba fuera de lo que Subaru imaginaba, lejos de su comprensión.
Solo que el muchacho estaba desesperado, y además otra cosa hizo vacilar el corazón de Subaru.
—Tú también…
Era lo mismo que le había llamado la atención cuando se esforzaba por pensar en el callejón.
Talritta, que luchaba para dejar escapar a Subaru, y las personas con un ojo en llamas que se enfrentaban a ella: sus expresiones——
——todos parecían tener el mismo rostro dolorido que el muchacho.
—Perdón. No voy a pedirte que me perdones.
Negando con la cabeza, el muchacho dejó la duda en sus ojos, pero borró la vacilación de su expresión y avanzó lentamente hacia Subaru.
Aunque intentara arrastrarse hacia atrás para huir, no podía retroceder. Sus piernas no se movían.
Así que, al menos, Subaru clavó la mirada en el rostro del muchacho para no apartar los ojos, y entonces se dio cuenta.
Entre el cabello revuelto del muchacho, asomando apenas desde la sien, había algo——un pequeño cuerno.
Al ver el cabello blanco y el cuerno, pensó fuera de lugar que parecía una oveja.
Y con eso, la mano del muchacho de ojos en llamas se alzó con fuerza——
—…
Con el ceño fruncido y los ojos abiertos, Subaru vio, decidido a no perderse lo que el muchacho hiciera.
—¡Uu!
La chica rubia que se interpuso frente a Subaru salió despedida como hojas secas, esparciendo un sonido sordo y sangre roja.