——No sabe por qué está aquí, ni qué son los «Nueve Generales Divinos».
La repentina declaración explosiva, y el fracaso al intentar manejarla, hicieron que la cabeza de Subaru se hundiera en la confusión.
Un impacto mucho más vívido que un balde de agua fría; Subaru parpadeó una y otra vez sin poder evitarlo.
—¿Q-qué quieres decir? ¿Que no sabes por qué estás aquí…?
—¿Qué quiere decir? Pues exactamente lo que dije. Cuando me di cuenta, me habían arrojado a esta isla prisión de esclavos gladiadores, y estaba en un estado de gran apuro porque no tenía ni contexto previo ni perspectivas futuras. Bueno, este lugar es bastante agradable para mí, así que no es que estuviera tan apurado como para decirlo así, pero digamos que sí.
—…
—¿Oh? ¿Otra vez está pensando? Vaya, a Bassu le gusta mucho pensar. No, me parece bien, yo no soy precisamente de los que disfrutan pensar demasiado. No me burlo de la gente que se queda cavilando ni la molesto, ¡mantendré la boca cerrada!
Cecilus tardó bastante en cerrar la boca, pero al final se quedó callado. Aun así, incluso con la boca cerrada, sus pies seguían moviéndose sin parar y no dejaba de ir de un lado a otro, así que era una molestia para la vista.
Tal vez no se burlaba de él, pero sí era más que suficiente para estorbar.
Pero Subaru no tenía tiempo para señalar eso. Si iba a interrumpirlo, debía ser para hablar de algo que realmente tuviera sentido.
Por ejemplo——
—¿Por qué, aunque no sabes nada sobre los «Nueve Generales Divinos», sí sabes que te llaman «Relámpago Azul»? Eso no tiene sentido.
—Ah, la respuesta a esa duda es sencilla. Ese apodo electrizante lo inventé yo mismo, ¡no otra persona! ¡Cecilus Segmunt, el «Relámpago Azul» de Vollachia! ¿Qué le parece? ¡Es un sobrenombre que transmite una impresión realmente deslumbrante y elegante! ¡Algún día haré resonar este nombre y crearé una era en la que todos queden cautivados por mí, el actor protagonista! ¡Eso es la expresión de esa determinación!
—Un apodo… inventado por ti mismo.
Al responder así, con el pecho hinchado de orgullo, Subaru dejó caer los hombros con desaliento.
Al ver a Subaru así, Cecilus se inclinó con familiaridad para mirarlo a la cara y preguntó: «¿Eh? ¿Qué ocurre?». Pero Subaru ya no tenía fuerzas para responder.
La cuestión de si ese chico frente a él era el verdadero o el falso «Cecilus Segmunt» ya estaba resuelta.
La teoría de que hay muchos adultos incapaces de respetar a los niños tampoco tenía el poder suficiente para revertir una declaración tan absurda como no saber quiénes eran los «Nueve Generales Divinos».
Por más que se intentara justificarlo, era imposible defender que un verdadero general de primera clase afirmara no conocer a los «Nueve Generales Divinos».
—Que no sepa que soy un general del Imperio, eso ya es demasiado ridículo…
Con una lógica tan llena de agujeros, era imposible intentar sostener una coherencia.
Por eso, dentro de Subaru desapareció la posibilidad de que el chico que tenía delante fuera el verdadero Cecilus. Era solo un chico lobo que se había pasado de bromista: un falso Cecilus.
Y así, el delgado hilo de esperanza que había brotado en el callejón sin salida se cortó de golpe.
Si aun así quedaba una sola semilla de esperanza, era que el falso Cecilus fuera un mentiroso; quizá entonces también la historia de aquella isla aterradora que había contado antes podría haber sido una mentira suya——
—¿Acaso estabas aquí, Segmunt?
—¡¿Waaah?!
Al instante siguiente, una voz grave de hombre cayó sobre la espalda de Subaru, que estaba perdido en sus pensamientos, y él dio un salto.
No era la voz del falso Cecilus ni, por supuesto, la de Tanza, que dormía en la cama. Subaru se volvió hacia la entrada de la sala de curación de donde había venido aquella voz, y su sobresalto se multiplicó aún más.
——Porque la silueta que se alzaba en la entrada de la sala de curación era la de un hombre enorme, increíblemente enorme.
—¡Enor…!
Se le escapó una exclamación de asombro sin querer.
No, no solo era alto; también era ancho y grueso en vertical y en horizontal, como si todo su cuerpo estuviera hecho de masa y músculo. El cuello y las extremidades eran robustos como troncos, y el uniforme negro, parecido al de un policía o un militar, estaba tan tenso que parecía a punto de reventar.
Un gigante al que había que mirar hacia arriba hasta que doliera el cuello, sin importar que Subaru se encogiera.
Medía con facilidad más de dos metros, y quizá fuera el hombre más grande que Subaru había visto en este otro mundo. Sobre aquel cuerpo colosal descansaba un rostro feroz, con colmillos que sobresalían incluso con la boca cerrada y una piel de color azul; tenía demasiadas características llamativas.
Aun así, todavía no había mencionado la más destacada.
Esa característica más llamativa era——
—¡Hola, Gustav! ¡También hoy lleva usted un atuendo magnífico! ¡Preocuparse por cada detalle del arreglo personal es la base de un caballero; me parece una actitud verdaderamente digna de imitar!
—Los halagos sobran. Tú, en cambio, sigues viéndote innecesariamente saludable, lo cual me alegra. Un ser como tú debería desgastarse en el coliseo, y así lo juzgo yo, con toda justicia.
Diciendo eso, el hombre enorme —la persona llamada Gustav— respondió a las palabras ligeras del falso Cecilus mientras soltaba un largo suspiro y cruzaba sus gruesos «cuatro» brazos.
Sí, cuatro brazos.
El hombre enorme, con un rostro demoníaco envuelto en una masa de músculos, tenía la característica de poseer cuatro brazos, dos que nacían de cada hombro. Si recordaba bien, alguna vez un viejo conocido le había dicho que los de la raza de múltiples brazos, una subraza de semihumanos, tenían precisamente esa característica.
Un viejo conocido…
—Eh… sí, Wilhelm.
A Subaru le costaba incluso recordar el nombre de un conocido.
Mientras Subaru batallaba con eso, el falso Cecilus soltó una risita ante las palabras de Gustav.
—¡Le agradezco mucho su preocupación! ¡Y también entiendo lo que quiere decir Gustav! Si yo llegara a morir, debería ser en el campo de batalla. Me alivia muchísimo que el señor de esta isla sea alguien con sentido común. ¡De verdad que soy un hombre con suerte!
—La mezcla de asuntos públicos y privados entorpece el orden. Un disparate así no tiene razón de ser en manos de un profesional.
—Sí, sí, ¡lo entiendo perfectamente! ¡Muchísimas gracias por su consideración, gobernador Gustav!
Con una sonrisa bobalicona y las manos juntas, el falso Cecilus hizo que Gustav entrecerrara sus ojos llenos de juicio.
De algún modo, la frase sobre «no mezclar lo público con lo privado» le sonó a Subaru como si, en lo personal, Gustav detestara al falso Cecilus, pero no tenía sentido profundizar en eso.
Por fin había aparecido alguien con quien se podía hablar, alguien que no fueral falso Cecilus.
—Entonces, Segmunt. Sobre ese chico.
Justo entonces, Gustav también dirigió su atención hacia Subaru.
Ser mirado desde una altura tan extrema, incluso solo contemplado, hacía que todo el cuerpo se sintiera oprimido, como si estuviera envuelto en una presión intimidante. Los cuatro brazos cruzados, y los puños al final de ellos, eran todos del tamaño de la cabeza de un niño; si lo golpeaban con eso, Subaru moriría.
Subaru tragó saliva sin querer, y a su lado el falso Cecilus aplaudió.
—Sí, sí, por fin despertó. Entonces, como estaba preocupado por la señorita que lo acompañaba, la traje hasta aquí. Pero parece que la señorita que dormía no era la que él esperaba, así que hubo varios malentendidos. Justo estaba en el punto de dejar pasar ese impacto y empezar a desarrollar la conversación desde aquí.
—Buen trabajo con la explicación. Pero si él despertó, te habría ordenado que lo trajeras primero ante mí. Ese era el requisito para que yo autorizara que este chico y la chica desembarcaran en la isla.
—¿Era así? Lo siento, soy muy olvidadizo.
—…
Ante la respuesta despreocupada del falso Cecilus, Gustav se frotó en silencio el entrecejo con un dedo.
Luego, el hombre mucho más cercano al cielo que Subaru y los demás alzó la vista hacia el techo y murmuró para sí mismo: «Soy el guardián del orden, no mezclo lo público con lo privado…».
No entendía bien qué relación tenía con el falso Cecilus, pero seguramente le estaba haciendo pasar muchos problemas.
Al entender eso, Subaru sintió un pequeño alivio, aunque le supo mal por Gustav.
—No fui el único al que el tal Cessi hizo dar vueltas.
—Decir que te hice dar vueltas me parece injusto. Te di la explicación que querías, te llevé con la persona que deseabas ver y también al lugar al que querías ir.
—Sí, bueno, exageré. La explicación tenía demasiados rodeos, la persona que me presentaste no era la que quería ver, y al lugar al que quería ir me dijeron que no podía ir, así que me deprimí.
El falso Cecilus seguramente no tenía mala intención, así que no tenía sentido decirle eso.
Eso le dijo Subaru, y el falso Cecilus frunció los labios con un «chii» de disgusto. Entonces, como si ya hubiera procesado sin problemas su molestia hacia él, Gustav volvió a mirar a Subaru.
Y entonces—,
—Chico, si ya despertaste, hablemos de nuevo.
—Me gustaría que así fuera, sí. Yo también quería escuchar a otra persona. Si es alguien importante de esta isla, mejor que mejor.
—Hmm.
Ante Subaru, que hablaba con cuidado de sus palabras, Gustav se llevó la mano derecha al mentón.
A primera vista tenía un aspecto feroz, pero su manera de hablar y su porte eran muy tranquilos y serenos; además, en sus ojos había una luz de inteligencia, y la impresión que daba era parecida a la de Zikru, con su cabello desordenado.
En otras palabras, era el representante de los adultos con los que se podía hablar.
Como para respaldar esa expectativa de Subaru, Gustav asintió con gravedad y profundidad, y dijo:
—Soy Gustav Morello, a quien Su Majestad el Emperador Vincent Vollachia, septuagésimo séptimo emperador del Sacro Imperio de Vollachia, ha confiado la administración de esta isla. ¿Puedes decirme tu nombre y tu afiliación?
Se presentó con cortesía, diciendo su cargo y su nombre, y se enfrentó de lleno a Subaru.
Ante ese hecho, Subaru abrió un poco los ojos y luego se llevó una mano al pecho para inclinar la cabeza.
—G-gracias por presentarse. Mi nombre es Natsuki… Natsuki Subaru.
—Ya veo, Subaru.
Aunque se sintiera presionado, Subaru se presentó así ante Gustav.
Por un instante dudó entre usar su nombre real o uno falso, y al final dio una respuesta algo a medias, pero por ahora debía considerarse suficiente.
Sinceramente, no sabía si mentirle a Gustav era correcto o incorrecto.
Pero no era bueno que el nombre real de Subaru se difundiera. El falso Cecilus era un impostor que se hacía pasar por general de primera clase, así que el asunto no había escalado; aun así, era imposible saber quién conocía las circunstancias del Reino.
Lo que pudiera ocultarse, debía ocultarse. Aunque Cecilus, al oír el falso nombre actual de Subaru, hubiera ladeado la cabeza con un enorme «¿eh?».
—Sin embargo, si eres Natsuki Subaru, ¿por qué Segmunt te llama Bássu?
—Creo que Cessi tiene su propia lógica. ¿Quiere comprobarlo?
—… No, mejor no. Pensando en la tarea que me han confiado, no tengo tiempo que perder en pensamientos inútiles. No soy un sabio, pero sí deseo ser prudente.
Negando con la cabeza, Gustav tomó una decisión prudente también desde el punto de vista de Subaru.
Como le molestaba pensar que eso se debía a las acciones habituales del falso Cecilus, mejor sería considerar que se debía a las buenas acciones de Subaru.
En fin——
—Pudiste responder tu nombre, y por lo que veo tampoco tienes problemas físicos. Según el sanador, tu agotamiento era notable, pero ¿lo sientes tú mismo?
—La energía… sí, quizá me siento un poco cansado. Pero, bueno, de todos modos, gracias por ayudarnos.
—Haré una corrección, Subaru. Quien te ayudó no fui yo, sino Segmunt, que está ahí. Yo solo aprobé, bajo ciertas condiciones, que ustedes fueran recibidos.
—A-ah, ya veo.
Ante la respuesta tan lógica y ordenada de Gustav, Subaru empezó a trabarse.
Su manera de hablar y el contenido no eran especialmente cercanos, y el tono de su voz estaba entre lo frío y lo impasible, pero que la explicación fuera tan clara era sinceramente de ayuda.
Comparado con el falso Cecilus, la relación entre cantidad de palabras e información era abismal.
Además, la pregunta de hace un momento parecía haber sido por preocupación hacia el estado de Subaru al despertar; con este ritmo, quizá si hablaba con él, podría entenderlo.
Que Subaru y también Tanza habían llegado por error a esta isla prisión de esclavos gladiadores.
—Gustav, esta chica y yo… Ella se llama Tanza. Parece que llegó aquí por un error, o por alguna clase de equivocación.
—¿Por alguna equivocación?
—¡Lo que pasa es que no sé por qué. Pero nosotros estábamos mucho más lejos… ¿Conoce Chaosflame, verdad? ¡Se supone que estábamos en esa ciudad!
Según el falso Cecilus, aquella isla y la Ciudad Demoníaca se encontraban muy lejos la una de la otra.
Solo con eso deberían comprender que lo ocurrido a Subaru y los demás era una emergencia. Que los hubieran lanzado desde la Ciudad Demoníaca hasta aquella isla no era algo normal.
—Sé que pedir esto después de que nos hayan ayudado es muy desvergonzado, pero no podemos quedarnos aquí mucho tiempo. ¡Seguro que nuestros compañeros nos están buscando! Si es posible, quiero avisarles de que estamos bien y reunirnos con ellos cuanto antes.
Si fuera posible, lo ideal sería irse de aquí junto con Tanza.
No sabía por qué Subaru y Tanza habían terminado en la isla, pero seguramente Yorna estaría preocupada por Tanza. Y como el objetivo original era ganarse a Yorna como aliada, no creía que Abel se enfadara si hacía algo que la alegrara.
Además, a Subaru le gustaba Yorna.
Si esa mujer tan amable se alegraba, no había nada mejor.
—Por eso, yo quiero irme de aquí lo antes posible——
—Hasta ahí. Hasta ahí, Subaru.
Una enorme palma lo detuvo cuando Subaru se inclinó hacia delante y trató de alzar la voz. Dos manos derechas se le plantaron frente al rostro, y Subaru se quedó sin palabras, atascado con un «uh».
A través de esas manos derechas, Gustav se acarició al mismo tiempo el mentón y la cabeza con la mano izquierda, mientras decía:
—Tu argumento lo he entendido. En términos generales, también podría decirse que he comprendido las circunstancias en las que te encuentras. Dicho eso, también debo hacer que escuches la versión de este servidor. Eso es lo que significa la imparcialidad.
—¿Imparcialidad…?
—Así es, imparcialidad. Justicia, rigor y una norma plana, sin sesgos… una verdad absoluta indispensable para construir eso que se llama orden.
Interrumpido en su argumento y, además, con aquellas palabras dichas con calma una tras otra, Subaru frunció el ceño.
Imparcialidad, justicia… cuando uno está apurado, sonaba demasiado tranquilo. Pero Subaru sabía que no servía de nada llevarle la contraria a Gustav aquí, así que asintió sin más.
Ante esa reacción de Subaru, Gustav cerró un ojo y dijo: «Bien».
—Recuerdas lo que dijo este servidor hace un momento, ¿verdad? Que quien te ayudó fue Segmunt, y que este servidor permitió que tú y ella desembarcaran solo bajo ciertas condiciones.
—Eso es… sí, lo recuerdo, pero…
Se había fijado más en la parte de haber sido salvado, y no había prestado mucha atención a las condiciones. Aun así, Gustav sí se lo había dicho a Subaru con aquella voz pesada.
Pero, ¿cuáles eran esas condiciones? ¿Bajo qué condiciones podían Subaru y Tanza poner pie en la isla?
—Schwarz, tú posees la capacidad de juzgar adecuadamente, el conocimiento para responder sin dificultad, la educación para dirigirte a este servidor con respeto, la evaluación de salud emitida por un sanador, y además el hecho de que, según tu propia declaración, no presentas ninguna alteración física. ¿Alguna objeción?
—Si me lo dice todo de golpe, me mareo… pero supongo que no tengo objeciones.
—«Supongo» es una opinión algo poco convincente. ¿Hay o no hay?
—… No tengo objeciones.
La mirada de Gustav no permitía a Subaru dar una respuesta a medias.
Abrumado por eso, Subaru devolvió la mirada, pero los ojos de Gustav, igual que su expresión, no cambiaron; su rostro era como una estatua aterradora que devolvía la mirada sin alterarse.
Todo avanzaba de manera unilateral, guiado por Gustav.
Eso hacía crecer poco a poco una desagradable sensación en su interior, pero no se le ocurría ninguna forma de reaccionar. Como siempre, Subaru no tenía información. Es decir, no tenía opciones.
En lugar de Subaru——
—¿Lo ve? Se lo dije. Bassu encaja perfectamente con el criterio de Gustav. Además, llegamos a tiempo con el calendario, así que no hay nada que decir, ¿verdad?
—Pero la chica no ha despertado.
—En ese caso, ya sabe, con la autoridad del gobernador o algo así, seguro que hay forma de ajustar las cosas o disimularlas, ¿no?
—Cierto. Mientras la chica no despierte, comenzaremos con una persona menos de la estipulada.
—¡Vaya, parece que metí la pata!
Mientras Subaru seguía confundido, quien hablaba con Gustav eral falso Cecilus.
No alcanzaba a ver el núcleo de aquella conversación, pero sí pudo entender que estaban hablando de Subaru y Tanza, y que el falso Cecilus no había sabido llevar bien la charla.
Y además, no parecía que fuera él quien pagara las consecuencias de ese fracaso.
—Lo siento, Bassu. Parece que mi ayuda solo puede llegar hasta aquí. A partir de ahora tendrás que esforzarte por tu cuenta. ¡Estoy seguro de que podrás lograrlo!
—¡Espera, espera, espera! ¡La conversación está demasiado rara! ¿Qué fue eso de ahora? ¡Gustav! ¿Bajo qué condición nos dejaron en la isla…?
—Participar en «Sparka».
—¿Spa…?
Una palabra desconocida le cayó desde lo alto, y Subaru frunció el ceño.
Si se trataba de una participación, entonces ese «Sparka» debía de ser algún tipo de evento. Un evento celebrado en esta isla prisión de esclavos gladiadores… no podía traerle más que malos presentimientos.
Para empezar, Al había dicho que la vida en la isla prisión de esclavos gladiadores era dura y cruel.
Un evento allí solo podía ser algo aterrador o doloroso.
—¡Espera, Gustav! ¿Por qué tenemos que participar en Sparka? ¡Nosotros no vinimos a esta isla por nuestra cuenta!
—Los motivos de quienes desembarcan en esta Ginunhive son variados: prisioneros, esclavos, criminales… pero casi ninguno viene por voluntad propia. Y la función de este servidor es únicamente imponer orden en esta isla prisión de esclavos gladiadores, donde se reúnen todos esos forajidos, y cumplir con mis deberes con toda mi fuerza para satisfacer los deseos de Su Excelencia.
—Su Excelencia… ¿el deseo del emperador?
—Convertir esta isla prisión de esclavos gladiadores en el lugar donde más sangre se derrame en todo el Imperio, y en el más significativo.
Fue una declaración tan seca que hizo que la sangre de Subaru, que había mordido el anzuelo, se enfriara.
Había sentido que el color de los ojos de Gustav y su manera de hablar eran fríos e inquebrantables, pero eso estaba equivocado. Había una palabra más adecuada para describir a Gustav.
Era como, sí, como un robot: inorgánico y frío.
Al notar ese cambio en su impresión, Subaru se quedó sin aliento y se paralizó, y Gustav lo llamó «Schwarz».
Luego, mirándolo desde arriba con una diferencia de tamaño abismal,
—Dirígete a él como «Su Excelencia el Emperador». La primera será un aviso, la segunda una advertencia y no habrá una tercera.
—…Uh.
—Y además, te lo comunico de nuevo: no se permitirá rechazar «Sparka». Si te niegas a participar en «Sparka», tanto tú como la chica seguirán su destino original.
—¿Cuál es ese destino original…?
—Rechazar la súplica de Segmunt y negarles el desembarco. ——Es decir, solo serán presa de las mabestias acuáticas que viven en el lago.
Sin la menor vacilación, Gustav cortó de raíz las opciones futuras de Subaru.
Aquel hombre enorme le decía con toda claridad a un niño que, si se negaba, tendría que morir. Eso era lo que significaba no tener sangre ni lágrimas. Subaru casi quería maldecir también su propia mala suerte, que solo le traía sufrimiento incluso después de haber encogido.
Normalmente, ¿no se supone que a los niños se les trata con más amabilidad?
¿O acaso en el Imperio de Vollachia, donde lo fuerte es lo que manda, era normal que mataran a los niños uno tras otro solo por ser débiles?
—Si es así, que se pudra ese país…
—Tu intención es desconocida, pero te permito ese insulto. Si se sofoca toda expresión, la insatisfacción se acumula. La semilla de una gran estupidez crece alimentándose de la insatisfacción y regándose con el resentimiento.
Moviendo lentamente la cabeza de lado a lado, Gustav agarró del hombro a Subaru, que apretaba los dientes.
Capturado por una mano que podía sujetarle la cabeza sin esfuerzo, Subaru no podía resistirse. Incluso pensó en oponer resistencia a la fuerza y escapar de allí, pero——
—No le recomiendo ese método, Bassu. Probablemente acabaría pasando por algo mucho peor. Más que una preocupación de viejo, esto es más bien una petición cargada de la sensación de que sería aburrido si eso ocurriera.
—Gracias por expresar tus sentimientos. Muérete, Cessi.
—Vaya, después de ayudarlo, qué manera tan cruel de hablar. Aunque, bueno, entiendo un poco por qué Bassu querría decir eso, así que no me enfadaré.
El falso Cecilus le bloqueó discretamente la salida, y Subaru perdió su último impulso de resistencia.
Al final, aunque le arrojara palabras sucias a ese falso Cecilus, que no dejaba claro si era enemigo o aliado, descargando sobre él toda la frustración de la situación, su reacción era como golpear una pared de papel: no tenía efecto alguno.
En resumen, Subaru sería obligado a participar en ese pésimo evento llamado «Sparka».
Si se negaba, lo convertirían en alimento para peces; si obedecía como debía——
—Si demuestras tu aptitud, este servidor, como gobernador, te recibirá con responsabilidad como esclavo gladiador.
—…Eso suena genial.
Aunque saliera bien, acabaría siendo esclavo; y si salía mal, lo convertirían en alimento para peces.
Había dicho que desde que se había encogido no le había pasado nada bueno ni una sola vez, pero eso habría que corregirlo.
——Desde que llegó al Imperio de Vollachia, no le había pasado nada bueno ni una sola vez.
—…Imperio de Vollachia, te odio.
La queja llena de rencor de Subaru fue tan pequeña, tan silenciosa y tan débil, que parecía hecha con consideración hacia Tanza, que seguía durmiendo.
Y entonces—,
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——El calor envolvía por completo el recinto, y podía sentirse en todo el cuerpo.
De manera inquietante, aunque las miradas que caían sobre ellos eran numerosas, casi no había bullicio.
Era una experiencia extraña: una especie de excitación silenciosa o de locura silenciosa, en la que el silencio mismo resultaba ensordecedor.
Sin embargo, Subaru no tenía margen para enfadarse por eso ni para quejarse.
—Mierda, mierda… no jodan, esto es lo peor…
—Voy a hacerlo, yo voy a hacerlo…
—¡Cállense! ¡Ustedes, obedezcan tranquilamente mis instrucciones! ¡Si hacen eso, no morirán!
Quienes rompían ese silencio ruidoso eran los tres hombres que estaban muy cerca de Subaru.
Cada uno era un hombre lagarto de piel como roca, un calvo con muchos tatuajes grabados en el cuerpo, y un joven de rostro fino con el cabello rojizo largo.
Todos tenían rostros de orígenes y razas distintas, pero compartían una sola cosa.
Y era que no contaban a Subaru entre ellos, y que en sus ojos brillaba una tensión de vida o muerte.
Y que, si seguían así, aunque sus cumpleaños fueran distintos, su fecha de muerte sería la misma.
—Caballeros, ante todo, bienvenidos a esta isla. Su Excelencia el Emperador Vincent Vollachia, en la capital imperial, seguramente también estará complacido. Como gobernador al que Su Excelencia el Emperador ha confiado personalmente la administración de esta isla prisión de esclavos gladiadores, les otorgaré una prueba de honor.
Quien lanzó esas palabras en voz alta fue Gustav Morello, el gobernador de la isla prisión de esclavos gladiadores Ginunhive, desde un asiento privilegiado en lo alto del muro, mirando hacia abajo la arena de combate; el hombre que dirigía los espectáculos de este lugar.
Y entonces, a los pies de Gustav——cuando se abrió la reja del pasillo por el que se enviaba a los combatientes a la arena, surgió lentamente desde la oscuridad una forma monstruosa y repulsiva.
Un rostro de león con ojos rojos y cuatro patas como las de un ciervo con pezuñas. Cuernos y colmillos retorcidos, una cola terriblemente larga y un cuerpo gigantesco que hacía que incluso el corpulento Gustav pareciera pequeño.
La mabestia que avanzaba pesadamente, dejando caer saliva y gruñidos por la boca——no, aquí la llamaban bestia gladiadora; un enemigo aterrador.
Ese era el oponente al que Subaru y los otros tres tenían que enfrentarse——
—¡Demuestren la dignidad de los súbditos fuertes del Imperio que desea Su Excelencia el Emperador!
——El examinador de esa prueba salvaje para convertirse en esclavo gladiador llamada «Sparka».